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La sopa de pollo de corral en la olla de barro hierve a fuego lento con un vapor cálido y reconfortante. El caldo dorado es espeso, brillante y rico, con un color puro y natural proveniente del propio pollo. Los trozos de pollo se guisan hasta que están tiernos, desprendiéndose del hueso con suavidad. Combinado con la dulzura de los dátiles rojos, el sutil umami de las bayas de goji y el rico sabor de los hongos shiitake, cada sorbo de la sopa es tan delicioso que se te hace agua la boca. El aroma original y rústico se extiende por la lengua, reconfortándote profundamente.